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martes, 10 de febrero de 2015

Infografía: 5 hábitos para desarrollar resiliencia


Te preguntas cómo puedes llegar a ser resiliente. Echa un vistazo a las 5 características que identifican a las personas resilientes. Conviértelas en hábitos.


 
 



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martes, 15 de julio de 2014

MASP a ritmo de Fito.




Mucho se habló de los JASP en los años 90. La generación mejor preparada, aquella que iba a comerse el mundo y  hacer grandes cosas.  

Y así fue.

Como Cesar en la Galia, vinieron, vieron y vencieron… ¿vencieron? 

Muchos probaron las mieles del éxito, cierto, pero la crisis se ha llevado por delante a una buena parte de aquellos JASP que convertidos en MASP: Maduros Aunque Sobradamente Preparados (término utilizado por  Laura Rosillo) con amplia experiencia profesional, han sido víctimas de políticas de reestructuración, de evaluaciones del desempeño justificantes de su despido, en personas incómodas para sus empresas porque saben mucho, cuestan demasiado y su límite de aguante a las bromas y empanadas mentales, ha bajado siete octavas; es más difícil convencerles, ya han visto mucho de todo. 

El mercado laboral está repleto de MASP abocados por las circunstancias a convertirse en emprendedores, coaches, divulgadores,  CEOS de su propia vida, supervivientes…como si de un nuevo hito en su carrera profesional se tratara. Y es cierto que lo es. ¿Recordáis la historia de mi amigo Sergio?

¡Cuánto talento desperdiciado! Una visión cortoplacista les ha expulsado de organizaciones  donde tal vez dentro de algunos años (no muchos) echen de menos su "Know-How". O tal vez no. Nunca se sabe.

Por todo esto, me apetecía hacer un guiño a esa nueva generación perdida  y contar al resto a través de una versión muy personal de la canción “Antes de que cuentes 10” de Fito y Fitipaldis lo que creo encierra su momento vital.

Va por tod@s vosotr@s.

Los MASP…
Pueden escribir y no disimular
es la ventaja de irse haciendo viejo.
Aún tienen mucho con lo que impresionar
por fuera y por dentro.


Tal vez se perdieran en un cruce de palabras,
o les anotaran mal la dirección.
Lo que es seguro que a estas alturas de sus vidas
 han grabado su nombre en una bala
y han probado la carne de cañón.


Cuando creían que lo tenían todo controlado,
alguien les dijo no, no, no,
que ahora viene el viento de otro lado
déjame el timón.


Son conscientes de que
Lo que les llevará al final
serán sus pasos, no el camino.
 saben que siempre vas detrás
cuando persigues al destino.


Su experiencia les dice que:
Siempre es la mano y no el puñal
nunca es lo que pudo haber sido
no
 es porque digas la verdad
es porque nunca has mentido.


Se repiten a sí mismos que:
No han de sentirte mal
si algo no les sale bien,
han aprendido a derrapar
y a chocar con la pared.

Ahora saben
Que la vida se nos va
Como el humo de ese tren
Como un beso en un portal
Antes de que contemos 10.


Gracias por enseñar al resto a ser resilientes.



domingo, 9 de febrero de 2014

El Arte de Gestionar Personas: 2º Aniversario




Gestión de Personas…¡Todo un Arte! celebra su 2º aniversario como blog personal.

Un año más ha sido muy motivante contar con el apoyo de tod@s vosotr@s, los que estáis de manera expresa y los que me seguís en la distancia; las críticas constructivas me ayudan a mejorar y las palabras de aliento me impulsan a seguir compartiendo estas reflexiones personales sobre el difícil arte de tratar con personas en cualquier esfera de nuestras vidas.

¡Gracias por hacerlo posible!

Siempre es bueno parar, dedicar tiempo a echar la vista atrás y este es un buen resumen de lo que Gestión de Personas…¡Todo un Arte! ha sido en estos 2 años.

Los 5 post más leídos entre todos los publicados en 2013
 


Cómo se expanden en las organizaciones las emociones tóxicas y cómo podemos caer prisioneros del miedo, con o sin fundamento.


Reflexión sobre el papel que como líder de un equipo tienes en la desmotivación de sus miembros.

Post complementario del anterior, donde comparto una experiencia personal que marcó mi forma de gestionar equipos y con la que aprendí la tremenda importancia del reconocimiento y el agradecimiento.


La historia de mi amigo Sergio, emprendedor a la fuerza después de atravesar el desierto del desaliento tras un despido; la historia de todo un viaje interior que ha sido vivido por mucha, mucha gente.


Un toque de humor para tratar el famoso tema de la reunionitis, un mal bastante extendido en las empresas. Nos encanta sentarnos a hablar de… nada.

 Y desde su nacimiento como Blog


Resumen de la estupenda conferencia del Dr. Rojas Marcos.  


Pautas para ser resistentes y flexibles y con las que aprender a sobrellevar los problemas que a tod@s nos rodean.
 

Cómo la utilización de un sociograma puede ayudarnos a segmentar nuestros mensajes dentro del equipo y lograr con ello que sea más eficaz y efectivo.


¿Conoces este tipo de patología psicológica que es tan paralizante y tan destructiva en las organizaciones?


Reflexiones y sugerencias de cómo sacar la parte positiva en lo que haces diariamente, a lo que te dedicas por muy arduo que te resulte a veces.

Tu opinión es importante, hazme llegar tus dudas, tus comentarios, los temas que te interesan y sobre los que te gustaría que reflexionáramos juntos. Puedes hacerlo a través del formulario de contacto.

 Tú formas partes de este blog; por delante todo un año más…

¿Te apuntas?

 

sábado, 28 de septiembre de 2013

#M4M: Todos para uno, uno para todos.




Esta es la historia de Mateo, un niño especial, muy especial.  

Esta es la historia de unos padres que no se derrumbaron, o lo hicieron justo lo necesario para coger impulso. 

Esta es la historia de una familia que primero estrechó lazos para luego expandir la lazada y que esta acogiera a cuantos quisieran colaborar. 

Cuando Eugenio de Andrés  Socio Director de Tatum Consulting Group pidió mi colaboración, no dudé ni por un instante en apoyar la iniciativa. Por muchos motivos, entre ellos experiencias familiares similares, y la empatía que da llevar trabajando en el entorno sanitario más de veinte años, los últimos en contacto directo con pacientes que diariamente comparten conmigo sus tragedias, que buscan que les escuche, que entienda su sufrimiento; buscan soluciones que muchas veces saben no van a llegar; buscan encontrar ESPERANZA en mi mirada o en mis palabras. 

Porque la de Mateo es sin duda una historia de ESPERANZA y ESPERANZADORA, que ha puesto de manifiesto


sábado, 1 de junio de 2013

El aparente viaje a ninguna parte.


Sergio pasó por una etapa laboral difícil y realmente aterradora; cada vez que quedábamos veía cómo se apagaba, cómo su mundo giraba alrededor de la pesadilla en la que vivía y que le asfixiaba. Se le veía derrotado, deprimido, hundido en una espiral de sufrimiento que no le permitía tomar impulso; simplemente se había rendido. Estaba tan noqueado que a pesar del dolor creía que esa vida era la única que podía vivir; que debía seguir esforzándose en mantener un puesto de trabajo que olía a moho.
Cuando el final llegó con el despido oportuno, Sergio quedó hecho una piltrafilla, sólo quería hibernar. Como amiga compartí con él todo su viaje interior y con su permiso ahora lo hago con vosotros.

“¿Te gusta lo que ves en el espejo cada mañana?” -me preguntó un día- “Hacía tanto tiempo que no me miraba en él que casi había olvidado mi imagen; ahora suelo quedarme plantado frente a mi reflejo analizando si ese tipo que me mira soy yo o es un extraño”. No le entendí. 

Dos meses después Sergio seguía anclado en la primera etapa de su viaje sumergido en la autocompasión y centrado en la tremenda injusticia que se había cometido con él: “Me lo han robado todo: salud,   tiempo dedicado a mi familia, mis conocimientos… todo; me han usado y tirado como una colilla, me siento un inútil, un fracasado”.  Le escuchaba; cada vez que necesitaba hablar –y era a menudo- estaba ahí; formaba parte de la red emocional que en esos momentos le sostenía corrigiendo los mensajes autodestructivos que se lanzaba. 

Transcurridos cuatro meses Sergio se había mirado tanto en el espejo que aunque todavía apagado me dijo mientras devorábamos un plato de pasta: “ He analizado una y otra vez todo lo que pasó, y ¿sabes?, es cierto que mi postura no ayudó en la nueva etapa; me enroqué y actué de manera equivocada; pero también es cierto que lo tenía controlado, el equipo estaba motivado –siempre fui un buen gerente de proyectos y de equipos- sinceramente, creo que estaba fuera desde hacía mucho tiempo y no lo supe ver”. 

Sergio se había parado (le habían parado) y había mirado en su interior. Ahora era capaz de reconocer sus fortalezas y debilidades. Comenzaba a aceptar lo sucedido. Estaba iniciando la segunda etapa del viaje, avanzaba en el autoconocimiento y se despegaba del problema para ver la situación con cierta perspectiva. 

Fue por entonces cuando le regalé el cuento que había escrito para mi hija, “Lucas y las gafas mágicas”, unas gafas que permitían a quien se las ponía ver todo lo que le rodeaba de manera distinta. 

Una noche transcurridos los nueve primeros meses, me telefoneó para decirme: “Tal vez ha llegado el momento de dar un golpe de timón; hemos hablado mucho de esto en el pasado ¿recuerdas cuando compartíamos nuestros sueños, en mi caso montar mi propio despacho, estar un año fuera, en Estados Unidos, dedicar parte de mi tiempo a la docencia..? pues creo firmemente que he de intentar que alguno se haga realidad. Al menos ahora sé lo que no quiero y mientras pueda, intentaré huir de ello como de la peste”.  

Sergio llegaba a la tercera etapa: la reconstrucción de los sueños rotos, el volver a sentir ilusión cada mañana al levantarte.  

A partir de ese día nuestras conversaciones tomando café ya no giraban en torno al pasado sino a la viabilidad de sus proyectos, esto es, el futuro. Sergio sonreía más frecuentemente aunque aún lo hacía con los ojos tristes y la angustia de quien le pide a su familia esfuerzo, comprensión y renuncias. 

Pasó de estar desocupado a tener la agenda llena: tiempo dedicado a reciclarse, tiempo dedicado a ampliar su red de contactos, tiempo dedicado a buscar financiación, tiempo dedicado a diseñar su proyecto; tiempo dedicado al fin y al cabo a poner piedras para edificar su nuevo futuro profesional.  

Un año y medio después del tremendo zarpazo, Sergio concluía la última etapa: la de los fracasos superados y los proyectos iniciados; me invitó a cenar pero antes pasamos a visitar su despacho compartido con otros profesionales en una céntrica calle de Madrid: “Bienvenida a la República Independiente de mi casa, desde aquí ¡voy a comerme el mundo!, bueno, si me dejan”. Atrás quedaban los días amargos y sin luz. “Es curioso cómo nos ponemos cadenas alrededor del cuello que nos pesan, que nos oprimen, y encima damos las gracias porque somos afortunados de llevarlas. Ahora no sé con cuánto dinero voy a contar a final de mes, hemos tenido que malvender el Audi y la casa; nos hemos trasladado a un piso de alquiler… todo realmente ha sido muy duro, pero me siento liberado y María y los niños también; ahora nuestra vida se centra sí o sí en el presente al que todos nos tenemos que adaptar; ciertamente siento que el control de mi vida está en mis manos; he recuperado la libertad y eso, Isabel, ¡no tiene precio!”. Sí, se le veía feliz, muy feliz. Fuimos a celebrarlo. 

Sergio afortunadamente consiguió salir ileso de su travesía, aquella que había iniciado aparentemente hacia ninguna parte ya que no veía salida ni futuro, tan sólo un tremendo agujero negro de desolación y con la que consiguió llegar a su Isla del Tesoro. Le quedaba muchísimo por hacer y no se engañaba: sabía que el camino que había elegido no iba a ser precisamente de rosas sin espinas, enlosado y por el que pasear pausadamente. Pero había conseguido levantarse y seguir peleando. A muchos otros en su misma situación les había dejado en el camino, hundidos por tremendas tormentas que les hicieron naufragar y perder el rumbo.  

Espero que no sea tu caso. Si es así, esta es mi humilde sugerencia: regresa a la casilla de salida, reconstruye tu nave, compra una buena brújula que siempre te recuerde donde está el norte, elimina de tu equipaje lo que no siendo imprescindible pese demasiado, elige bien a la tripulación que ha de acompañarte y vuelve a intentarlo.

Estoy segura de que con rasguños y tiritas en el ego y en el corazón, al final de tú viaje serás más fuerte, serás más sabio.

 Que los vientos te sean favorables

sábado, 22 de diciembre de 2012

Del Cuento de Dickens a una sesión de autocoaching: ¡no quiero ser Mr. Scrooge!


¿Quien no ha visto alguna de las múltiples versiones cinematográficas del Cuento de Navidad de Dickens? ¿Quién no ha odiado al huraño Mr. Scrooge, un ser carente de empatía y generosidad, mezquino y arrogante, con nula inteligencia emocional y social? ¿Quién no ha temido a esos tres fantasmas que aparecen en su vida, seres que hacen que Mr. Scrooge mire de frente lo que es,  los errores cometidos y de no modificarlos en qué se convertirá?

Cada una de las apariciones son en sí mismas magníficas sesiones de coaching que permiten al personaje centrarse en los aspectos que debe modular y modificar para avanzar, consiguiendo -tras presentar la oportuna   resistencia al cambio- convertirse en una persona más completa.

Como Mr. Scrooge, todos tenemos lo que la vida y  nosotros mismos nos hemos forjado a base de elecciones y renuncias, suerte y tesón, actitudes, relaciones, adhesiones y abandonos.

Ahora que la Navidad está a la vuelta de la esquina, más bien a dos pasos de ti, te propongo que también tú, si quieres, te “sometas” a una sesión de autocoaching.

¿Te apetece? Bien, pues comenzamos… 

Y lo haremos partiendo de las Navidades Presentes. 


En un derroche de imaginación quiero que, en primer lugar, dibujes “el taburete sobre el que sostienes tu vida” para una vez definido, puedas evaluar si en estos momentos está o no equilibrado.

Este taburete ha de estar formado por: 

- Un asiento: círculo donde escribirás lo que sí quieres que esté en tu vida, tus deseos.  

¡Cuidado! Haz afirmaciones positivas, ya que normalmente, sin darnos cuenta,  formulamos deseos que engloban aspectos negativos: “no quiero fracasar”; “no quiero estar sólo”;”no quiero estar enfermo”;”no quiero continuar en paro”;”no quiero vivir estresado”; estos mensajes se trasladan a nuestra mente como “fracaso”, “soledad”,”enfermedad”,“paro”,”estrés” condicionando nuestras actuaciones futuras. 

En ese núcleo vital todos situamos entre otros: trabajo, amor, serenidad, salud, seguridad, equilibrio…; no tengas prisa, ni seas tacaño con tus sueños. Cuantos más mejor.

Ya tienes lo que quieres. Cuando internamente y de manera clara y contundente identificamos lo que queremos, se activa un resorte que nos hace dirigirnos hacia ello. Nos mueve lo que nos motiva. 

+ 4 patas: cada una representará un ámbito (el personal, el familiar, el social y el profesional) sobre el que debemos actuar. Lo ideal es que todas tengan la misma longitud, porque de no ser así… ¡vaya asiento! serviría de decoración pero para poco más ¿no? 

Pregúntate si en estas Navidades Presentes necesitaras sentarte en ese taburete ¿las patas estarían equilibradas y te sostendrían? o por el contrario como le pasaba a Mr. Scrooge ¿estarían descompensadas con el peligro de acabar cayendo? Si este es el caso, elige la pata que más cojea porque con y en ella vamos a trabajar. 

Por ejemplo, puede que hayas descuidado el ámbito personal; tienes la sensación de que al día le faltan horas y todas las empleas en lo demás y en los demás. Estas estresad@. Cuando te miras en el espejo sólo ves ojeras, michelines y cada viernes sacas del maletero del coche la bolsa de deporte sin haber usado su contenido. Necesitas tiempo para ti. Te estás perdiendo.  

Vayamos ahora a las Navidades Pasadas. 


Compara lo que has definido y con lo que cuentas en el presente, con aquello que tenías hace un año y evalúa en qué has mejorado, empeorado y qué es lo mantenido. 

Repasa los objetivos que te fijaste para el Nuevo año y cómo has distribuido tus esfuerzos y energía porque en ello estará la clave: no cometer los mismos errores.  

Siguiendo con el ejemplo: tal vez hace un año ya te encontraras cansad@, incluso comenzaras varios planes de acción para mejorar tu estado físico y anímico: apuntarte al gimnasio, una alimentación sana, recuperar tiempo para tu afición favorita… Demasiadas cosas, demasiado ambicioso. Con el paso de los meses primero dejaste de asistir a las clases de pilates, después te deslizaste por los placeres del picoteo y cada vez que deseabas pintar, escuchar música, leer… eran las 11 de la noche y estabas exhaust@ o simplemente volvías a anteponer el resto de obligaciones (terminar el informe, preparar la cena, hacer la compra, ayudar a los niños con los deberes…). 

Si para el 2013 repites la estrategia, sabes que obtendrás el mismo resultado; eso sí con menos fuerzas, más quemad@ y con la patita aún más corta. Por eso para ser alcanzado en las Navidades Futuras…


Fija un objetivo (recuerda: solo uno y para la pata más corta): 

-         Que sea realista, concreto y de formulación sencilla; en el ejemplo “Voy a dedicar 1 hora a la semana a dar un largo paseo”. 

-         Debe ayudarte a conseguir alguno de los elementos que has incluido como indispensables en tu vida (en el “asiento”); continuando con el ejemplo: “esa hora caminando me aportará serenidad y mejorará mi salud”. 

-         Piensa con qué recursos cuentas (propios y ajenos). “ese paseo lo daré el fin de semana”.

-         Revisa periódicamente si lo cumples o no para introducir las correcciones necesarias. 

Diseña el plan de acción: 

-         ¿Cuál va a ser tu primer paso? “Delegar en los demás miembros de la familia el hacer la compra semanal”.

-         ¿Cuándo? “Daré el paseo mientras ellos  realizan las compras”. 

-         ¿Con quien? “Iré sol@, así tendré tiempo para serenar la mente” o “puedo quedar con Jorge, así podremos charlar y será un tiempo dedicado a los amigos” con esta segunda opción estarías “matando dos pájaros de un tiro” pero insisto, encuentra la fórmula que mejor se adapte a tus circunstancias. 

-         ¿Qué harás si no vas bien? “cambiar el día”.

Con esto termina tu viaje. Es posible que hayas detectado muchas áreas de mejora; eso está bien pero no quieras arreglarlas todas; recuerda que un largo camino comienza con único y primer paso. Durante el 2013, si flaqueas en el objetivo marcado, recuerda a Mr. Scrooge…
¡Feliz Navidad!




lunes, 19 de marzo de 2012

Ahora más que nunca… resiliencia

Hay personas que a pesar de haber sufrido situaciones personales y  profesionales muy duras, salieron de ellas airosas y fortalecidas; supieron reorganizarse, rearmarse, resistieron la presión y pese a lo adverso de la experiencia, no sabemos cómo, pero fueron capaces de continuar haciendo las cosas de manera correcta (en ocasiones con todos los elementos en contra).

Si somos espectadores o compartimos la vivencia con ellas, decimos en corrillos “no sé cómo lo puede resistir” “cualquiera en su situación acabaría psíquicamente mal”. Les admiramos. Es para admirar. Son personas resilientes, que por avatares de la vida han aprendido e interiorizado que “lo que no mata te hace más fuerte”. Son auténticas “aves fénix”.


Imagen: Pixabay
En estos momentos de profunda crisis económica y social las personas resilientes tienen una clara ventaja competitiva, porque como el título del libro de Stanley Bendelac “Lo importante no es cómo te caes sino cómo te levantas”. Con la “resiliencia” no se nace; la resiliencia se aprende, hay que “entrenarse” y “sacar músculo”. Se puede hacer. Te propongo que lo intentes:

Dedica tiempo a mirar en tu interior. Descubre cuales son tus fortalezas y tus debilidades. Sé tu mejor crítico. El más severo. Cuando sabemos “de qué pie cojeamos” y cuales son “nuestras virtudes”, es más sencillo que aceptemos las críticas en su justa medida y que las hechas con “mala baba” nos resbalen. Al conocernos mejor identificamos más claramente nuestras necesidades y motivaciones –lo que nos impulsa- y nuestros miedos –lo que nos paraliza-.


Aumenta tus niveles de autoestima. Vales más de lo que crees. En vez de centrarte en tus carencias, potencia tus virtudes. Todos tenemos un talento oculto; la mayoría de las veces nos hemos encargado de ocultarlo tanto que creemos que no existe. Es mentira. Cada uno de nosotros poseemos algo (cualidad, habilidad, conocimiento…) que nos diferencia y que realizamos mejor que los demás. Confía más en ti. 
 
Aprende a reírte de ti mismo y de los errores que puedas cometer. El sentido del humor ayuda a relativizar. Nos tomamos a pecho demasiadas cosas y no todas son vitales.

 
No eres una isla, no actúes como tal. Interésate por lo que acontece a tu alrededor, comprométete y ayuda a las personas que están a tu alrededor. A veces simplemente necesitan que las escuchemos. Dedica tiempo a la escucha activa e intenta desarrollar la empatía. Tú también necesitas que la ejerzan contigo. Cuando uno cae es muy importante poseer una fuerte red que le sostenga. Dedica tiempo a tejer la tuya.
 


Abandona el rol de “pegatina adherida al problema”. Sé resolutivo. Observa el obstáculo o la situación estresante; piensa qué parte puedes abordar y actúa; que no te paralicen ni el miedo ni el esfuerzo; aprende a dejar de lado, para otro momento, lo accesorio o lo que no puedas solucionar por tus propios medios. 

Intenta ser optimista y a pesar de sus sinsabores trata de aprehender algo positivo de cada situación, siempre lo hay, sólo tienes que buscarlo.


No existen fórmulas mágicas que nos den la vuelta como a un calcetín, pero sí técnicas probadas que posibilitan la construcción de una imagen más sólida de nosotros mismos. Es ahí donde reside la fuerza que cuando llegue el momento nos permitirá “resurgir de nuestras cenizas”.



domingo, 5 de febrero de 2012

Si nunca has fallado, nunca has vivido


Decidí como título de este post la última frase de un vídeo “Life=Risk” porque personalmente me encantó; resalta la importancia de fallar, de superar la caída, de seguir apostando por tu sueño o de reinventarte para conseguir el éxito, “tú éxito”.

Y he aquí el quid de la cuestión: ¿qué es el éxito? A los que formamos parte de la famosa generación “x” o de la generación “baby boom”, nos “programaron” para concebir que el éxito era llegar a la cima y que todo aquel que no lo conseguía era un auténtico perdedor; debíamos de ser JASP, Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados; teníamos que ser brillantes porque éramos muchos en todo: clases masificadas, procesos de selección masivos,.. o competías y ganabas o pasabas al olvido, y eso te convertía en un fracasado.

Algunos tuvimos “suerte” y conseguimos destacar; focalizamos toda nuestra energía en desarrollar lo que con orgullo esgrimíamos ante el mundo: “nuestra carrera profesional”; horas de trabajo interminables, propuestas ilusionantes llenas de adrenalina, empuje, energía, agresividad y liderazgo,.. destacabas -eso era necesario- y además te hacía sentir importante. Pero con lo que no contábamos es con que este hecho tenía una “cara oscura” como la Luna: sin quererlo o más bien sin darnos cuenta, acabamos identificando nuestro ser, nuestro yo, con lo que alcanzamos profesional y socialmente.

Ese es el Gran Error. 

Me vais a permitir utilizar otro ejemplo conocido por la mayoría: conseguimos “nuestro queso”, apreciado por todos los que lo probaban. Cada día y durante años lo habíamos elaborado con los mismos ingredientes, los que nos hicieron ser “elegidos” hasta que una mañana se sienta a la mesa un nuevo comensal alérgico a alguno de los ingredientes básicos, fundamentales de nuestro producto, un producto conocido, consolidado, con una marca propia dentro de la empresa. Cuando esto sucede, hay “cocineros” que buscan otros mercados donde su “queso” sea aceptado y valorado, pero la mayoría prefieren seguir en su área de confort, “esto es lo que sé hacer, creo firmemente en ello, me ha ido bien y a este nuevo comensal le podré convencer cómo hice con otros”. Ese es el punto de inflexión, el principio del fin, pero claro, en ese momento no somos conscientes de ello.

Comienza la etapa de declive: intentas apañártelas como puedes, mantienes la esencia del producto que paulatinamente comienza a ser rechazado hasta que ese maravilloso queso, que era alabado y cuya elaboración supone en esos momentos un esfuerzo casi sobrehumano para ti -que además has perdido la ilusión porque hagas lo que hagas ves cómo no se aprecia- deja de ser degustado y un buen día se retira de la carta y del menú. 

Llega ¡la Gran Crisis!, la interior, la que más duele, la que hace tambalear tu existencia y que se suma a la exterior de la que en este post no vamos a hablar aunque todos la tengamos presente.

La mayoría de las personas que han pasado por esta experiencia vital cuentan que existen básicamente dos posturas en el modo de vivirla: sentirte fracasado (tú eras valioso por el queso que hacías, es más, se había producido tal simbiosis que tú eras el queso) o buscar otras posibilidades (tu eres algo más que el queso que elaborabas y puedes ser aceptado en otras mesas y por otros comensales) –esta sería la postura de la mosca. 

Si estás pasando por esta situación que sin duda, no nos engañemos, es traumática, ¿qué quieres ser, mosca o abeja? Belén Varela inicia sus conferencias sobre “Optimismo para el éxito” presentando gráficamente el siguiente experimento: si ponemos una botella de cristal en posición horizontal, metemos en ella a una abeja y a una mosca y ponemos un foco de luz en la base de la misma, la abeja -animal lógico, con movimientos medidos, elegantes pero repetitivos-, intentará encontrar el camino hacia la luz golpeándose una, dos, mil veces contra la base de la botella sin conseguir salir de ella y muriendo en el intento. La mosca, menos racional y glamorosa, pero más práctica, volará circularmente dándose golpes a lo largo de toda la botella hasta conseguir salir aún encontrando la salida alejada del foco de luz, lo que parecía a priori imposible, arriesgado e incluso peligroso. 

Yo sin duda prefiero ser mosca. Nuestra área de confort nos debilita, nos empequeñece y nos frustra. Hay un mundo más allá de la botella que conocemos y la salida puede estar donde menos esperamos. 

Si confiamos plenamente en “nuestro queso” tendremos que buscar activamente otros mercados donde se deguste, tal vez mejorando su marca (sin duda una oportunidad); si consideramos que es el momento de retocar ingredientes para mejorarlos pues hagámoslo (¡qué es esto sino otra oportunidad!); o tal vez nos ofrezcan fabricar cerillas (¡estupendo, todo un nuevo mundo por descubrir!) y sobre todo es necesario, yo diría imprescindible, que en esta nueva etapa incorporemos de nuevo a nuestro proyecto la ilusión perdida y disfrutemos de cada uno de los pasos que vayamos dando. 

La vida está llena de fracasos, personales y profesionales; hay que caer pero también levantarse, curar las heridas y aprender a caminar, tal vez por otros caminos que nos permitan llegar al éxito, pero esta vez asegurándonos de que es “nuestro éxito”. 

Y recuerda: si nunca has fallado, nunca has vivido.




Imagen: Pixabay

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