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martes, 14 de abril de 2015

La culpa la tiene el suelo pegajoso


¿Qué es el suelo pegajoso y qué tiene que ver con la delegación de tareas en el ámbito laboral? Buena pregunta a la que intentaré responderte.

Estamos acostumbrados a asociar el término suelo pegajoso a la dificultad a la que nos enfrentamos, básicamente las mujeres, cuando al querer conciliar vida familiar y laboral nos sentimos atadas a tareas domésticas y de cuidado que nos fueron asignadas social y culturalmente hace siglos, y a las que intentamos dar salida nosotras solitas y diariamente (a todas ellas sin que falte una) haciendo juegos malabares.

Siempre hay excepciones, pero en términos generales "el ungüento" que nos mantiene pegadas a ese suelo pegajoso, es la incapacidad que en general tenemos (aunque nos cueste confesarlo) de dejar de hacer nuestras tareas delegándolas - al 100% y con todas las consecuencias- en el resto de miembros de la unidad familiar.

Nada de ¿te ayudo o me ayudas?, sino de un reparto real de responsabilidades. ¡Uff! Dificil ¿no?

Y precisamente porque nos resulta difícil, hacemos amagos cuando el vaso está a puntito de rebosar, pero no rematamos.

Tras la tempestad, volvemos a coger el timón hasta la próxima sacudida, haciendo que el resto de la familia se acostumbre a que seas tú la que hace listas interminables de productos a comprar, labores a realizar, citas a las que asistir, a que te pases el día de mal humor y frustrada por no tener tiempo ni para respirar.

Se acostumbran porque es lo más fácil.  

¿Dónde reside realmente el problema? ¿Quién tiene la culpa?

Como normalmente suele ocurrir, la falta de delegación -real y consecuente- suele formar parte del núcleo duro de este fenómeno que va retroalimentándose hasta convertirse en una gran bola de insatisfacción, frustración y mal rollo.

¿Y cómo podemos despegarnos?

Hagamos un repaso por las situaciones más habituales y los mantras de deberíamos repetirnos, para dar pequeños pasitos hacia la delegación y a lo que conlleva ¡la liberación!:
Situación 1:

Frases que la identifica: “¡Mamáaaaa! ¿Sabes dónde guardé los calcetines azules? o “Cariño, ¿qué botón es el del programa de prelavado?”


Situación 2

Frase que la identifica: “¡Así no se tiende la ropa!”.




 Situación 3

Frase que la identifica “¿Pero aún no has terminado de planchar las camisas? Anda trae que las planche yo, que si no…. ¡¡Hoy no cenamos!!”



Situación 4

Frase que la identifica: Domingo por la mañana: “Pero ¿qué haces ahí sentado leyendo el periódico? Hay que hacer las camas, poner dos lavadoras, preparar la comida de toda la semana, tenemos que ir a ver a tus padres y a los míos, recoger la ropa,...”



Ahora te propongo un ejercicio.

Vuelve a leer esos mantras desde otra perspectiva, esta vez olvídate de las tareas domésticas y céntrate en el ámbito profesional ¿no crees que aplican? ¡claro que sí!

Por desgracia la incapacidad de delegar es el día a día al que se enfrentan muchos jefes sobrepasados y sufren sus equipos desmotivados.

Al final va a ser verdad: La culpa la tiene el suelo pegajoso.

O no. ¿Qué opinas tú?

martes, 3 de marzo de 2015

Qué quieres en realidad: trabajadores alineados ó alienados.


Tras el juego de palabras se esconde toda una filosofía empresarial.

La mayoría de las organizaciones esperan que sus empleados estén alineados con la estrategia, que compartan sus principio, valores y objetivos pero, ¿lo desean realmente, o más bien requieren que se siga al CEO hasta el infinito y más allá, sin dudas y sin rechistar?

No se puede generalizar. Afortunadamente hay empresas que apuestan por lo primero y hacen evidente este principio. Pero otras…

Hace ya algunos años llegó a mis manos una propuesta de evaluación del desempeño en la que se pretendía valorar, entre otros aspectos, la alineación estratégica del candidato evaluado. Es más, se pedía al propio evaluado que presentara ante el evaluador evidencias empíricas de la ansiada competencia.

Creo que muchos de vosotros estaréis conmigo en que la propuesta era, a priori y en el mejor de los casos, especial.

La empresa en la que se quería implantar, era una organización con serios problemas de liderazgo y comunicación; las encuestas de clima laboral que me dejaron ojear mostraban resultados evidentes y demoledores: el descontento aumentaba; el despliegue de objetivos empresariales había quedado en una secuencia de propósitos no explicados, lo que hacía que fueran opacos para la mayoría de empleados, a los que se les comunicaban los objetivos anuales muchas veces sin explicarles en qué consistía realmente su contribución al logro de los mismos; se ponían en marcha proyectos, nuevas líneas de productos, comités participativos que eran conocidos únicamente por los participantes…

En fin, una estructura en la que difícilmente se podía asegurar, así con un simple vistazo, que sus empleados estuvieran alineados con la estrategia, simplemente porque ésta no existía o de existir no era en absoluto conocida.

Siendo el descontento tan evidente ¿qué se quería conseguir realmente con esta evaluación? Posiblemente acallar voces disonantes. No lo sé.

Cuando se dirige, en ocasiones resulta difícil encajar las críticas, sean o no constructivas.

Hay quienes aparentemente desean estar rodeados de un equipo cohesionado e involucrado cuando lo que esperan en realidad es que éste se convierta en su coro de palmeros.

Si pretendemos que nuestros colaboradores se alineen con la estrategia empresarial, tenemos que trabajar duro, más que decir cosas (sin duda importante) hay que hacer cosas; lo dicho y lo hecho deben fluir en armonía, en consonancia.

La incoherencia se detecta a la legua y es un ingrediente que en cocción lenta produce un gran suflé.

Si eres de los que realmente quieres la alineación estratégica de tus colaboradores, ahí van tres sugerencias:

1.   Explícales claramente cuál es la misión, visión y valores de la empresa y lo que es más importante, del área de la que eres responsable.

Muchas veces esto se da por supuesto. No lo hagas, dedícale el tiempo necesario a establecer esa unión entre lo que hacéis y por qué lo hacéis.

2.   Reformula el despliegue de objetivos.

No des por sentado que unas líneas en un papel, en una presentación o en un dossier sobre objetivos generales de la compañía son suficientes para que tus colaboradores sepan:

a.   Por qué se han fijado esos objetivos y no otros tanto para el departamento como para él/ella.

b.   En qué medida es importante que éstos se cumplan.

Debes ser capaz de concretar, de hacer entender al colaborador cómo su aportación, su valor añadido es fundamental para que los resultados se consigan.

3.   Deja espacio para la innovación y las iniciativas que os ayuden a mejorar resultados.

Ese sin duda será un indicador de que vas por el buen camino, de que tus colaboradores tienen claro donde queréis llegar y por qué.

No todas las propuestas podrán ponerse en marcha; explícales el motivo de no hacerlo: por tiempos, por prioridades, por recursos… todo menos “porque no y punto” (tanto explícito como implícito).

Ahora bien, si lo importante es que tu equipo te siga cual capataz de plantación algodonera… no te molestes, y sobre todo no les engañes: no quieres que estén alineados, sólo alienados y ellos lo saben.

¿Qué opinas tú?

Imagen: Pixabay







sábado, 25 de enero de 2014

No es lo mismo dirigir que manipular, ¡qué va!


 
El tema de hoy surgió en una comida navideña entre colegas a los que hacía tiempo no veía.

“Bueno, todos hemos manipulado a nuestros colaboradores alguna vez, en eso consiste dirigir ¿no?”. 

Con esa pregunta se encendió la mecha del debate. No me gusta, por principio, la manipulación; ni ejercerla y mucho menos sufrirla. Si echo la vista a atrás, mis principales conflictos tanto personales como profesionales han surgido al ser consciente de que se estaba manipulando, distorsionando la realidad para conseguir un fin que muchas veces ni estaba definido.

Sacamos los smartphones y buscamos la definición de uno y otro término:

Entre las múltiples definiciones que encontramos en el diccionario de la RAE:

Dirigir es

“Guiar, mostrando o dando las señas de un camino.”

“Gobernar, regir, dar reglas para el manejo de una dependencia, empresa o pretensión”.

“Orientar, guiar, aconsejar a quien realiza un trabajo”

 
Mientras que manipular es

 “Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares”.

“Manejar alguien los negocios a su modo, o mezclarse en los ajenos”

 
Creo que está clara la diferencia ¿no?; una cosa es ser hábil socialmente, manejar información y comunicarla en la medida en la que esta sea necesaria para orientar al equipo y conseguir alcanzar resultados y otra muy distinta dar a todo la vuelta como a un calcetín y jugar a las amistades peligrosas para llegar aparentemente a la misma meta.

En esa comida, había comensales que tenían tan interiorizada la práctica que ya ni se daban cuenta de que la mentira y la distorsión formaba parte no ya de su forma de dirigir, sino de su forma de ser. Tan ciegos estaban que incluso hablaban maravillas del efecto que un “divide y vencerás” tenía sobre el departamento e incluso la organización.

Otros menos valientes o más moderados, vete tú a saber, aun reconociendo que en alguna ocasión habían puesto en práctica el arte de manipular  -lo que se justificó como  “segmentación de la información” e incluso “dotes de mando” y “gestión de conflictos”- lo habían hecho muy puntualmente y siempre por el bien común.

En mi opinión cuando para conseguir resultados es necesario manipular y hacerlo por sistema, algo falla en el equipo, en la empresa, en nosotros mismos o todo a la vez.

Como sufridora de manipulaciones y no siendo fácilmente manipulable, puedo asegurar que los efectos son demoledores. Quien imprime a su estilo de liderazgo esa marca personal acaba solo, aunque aparentemente siga rodeado de multitudes.

El problema es que en la cuneta deja tiradas y aparcadas demasiadas ilusiones, motivaciones y talento.

Modificando el estribillo de la canción “No es lo mismo” de Alejandro Sanz:

No es lo mismo ser que estar,

No es lo mismo dirigir que manipular, ¡qué va!

No es lo mismo, es distinto

¿Qué opinas?

 

 

 
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