"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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martes, 26 de mayo de 2015

El síndrome del impostor.


Sí, sí, existe y aunque no esté catalogado como enfermedad mental, es un trastorno que identificaron las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes allá por 1978.

En la píldora formativa de hoy, aprenderemos gracias a Patricia Ramírez (tienes el vídeo íntegro al final del post) qué es, cómo se identifica y pautas para minimizar su efecto.

 
Qué es el síndrome del impostor

Quienes lo padecen –personas exitosas a nivel profesional- son incapaces de interiorizar sus logros.

Creen que su éxito (normalmente llega rápido y es contundente) se debe a circunstancias externas: el azar, la oportunidad, la suerte. Ellas (sus conocimientos, habilidades, talento) poco o nada han tenido que ver en ello.

Pasaban por allí, y ¡oye, así a lo tonto, de pronto eran directivos de una multinacional o habían vendido más de 200.000 ejemplares de ese librillo que escribieron en un suspiro!

Como minimizan, por no decir que ocultan, su propuesta de valor, se convencen de que ésta no existe y de que algún día en algún momento alguien se dará cuenta de que son un auténtico “tongo”, un fraude.

Sienten realmente que lo son.

Están convencidos de que los demás acabarán por descubrirlos y señalarles con el dedo acusador.

Viven angustiados por la inseguridad y el miedo.

Para no caer en él, mantén a raya sus causas.

1.   Baja autoestima.

Si no eres capaz de reconocer tus méritos, tu talento, aquello que haces especialmente bien, difícilmente disfrutarás de lo que consigas.  

El reconocimiento externo es necesario pero el interno, el que te dices cada mañana al mirarte al espejo es realmente un  gran impulsor.

No se puede andar con la autoestima a la altura del tobillo, porque es muy probable de que sin querer o queriendo otros te la pisen.

2.  Exceso de humildad.

Entre el autobombo, el hablar y hablar de lo bien que sabes hacerlo todo y que el mundo se mueve gracias a ti, y el más absoluto de los silencios hay un término medio.

No sólo debes decirte a ti mism@ “oye, qué bien me ha salido esta tarta” “estuve brillante en la reunión” “qué bien estoy llevando este proyecto”, sino que debes dar un paso más y contarlo a tu entorno.

Hablar de los méritos es necesario.

Si no lo haces tú ¿Quién crees que lo va a hacer? 

3.  Atribución éxito fracaso.

Como dice Patricia Ramírez, parece que sin esfuerzo no se consiguen las cosas.

Aquella frase de “la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar con sudor”, se nos ha quedado grabada a fuego en la mente y en el alma.

El esfuerzo es importante, pero es cierto que todos tenemos una habilidad especial para hacer “algo” y ese “algo” lo hacemos como por arte de magia, rápido y bien. No nos cuesta. Pero a otros sí.

Como no te cuesta (es el signo más claro de un talento natural), no le das importancia, es más, se la restas. 

Las personas que padecen el síndrome del impostor, son talentosas y muy competentes pero para ellas conseguir el que las cosas salgan así de bien es su deber, y cometer un error, por pequeño que sea, una falta que no se perdonarán fácilmente.

 ¿Y cuáles son las pautas a seguir si claramente “padeces” este síndrome?
      Patricia Ramírez nos propone las siguientes.


 

¿Quieres ver el vídeo completo?
http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-entrevista-patricia-ramirez-sindrome-del-impostor/3016083/#aHR0cDovL3d3dy5ydHZlLmVzL2FsYWNhcnRhL2ludGVybm8vY29udGVudHRhYmxlLnNodG1sP3BicT0yJm1vZHVsZT1PVEhFUiZzZWN0aW9uRmlsdGVyPTU4MzUwJm9yZGVyQ3JpdGVyaWE9REVTQyZtb2RsPVRPQyZsb2NhbGU9ZXMmcGFnZVNpemU9MTUmY3R4PTM3NDEwJm1vZGU9VEVYVCZhZHZTZWFyY2hPcGVuPWZhbHNl
Imagen: Pixabay
 

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