domingo, 6 de mayo de 2012

¿Etiquetas o te etiquetan?


A los seres humanos –cierto es que a unos más que a otros- nos encanta etiquetar, clasificar, compartimentar. Lo tremendo es que no sólo lo hacemos con objetos materiales, sino que somos expertos en ponerlo en práctica con las personas que nos rodean. 

Fuente: Pixabay
Como todo en la vida, en esto también hay escalas: desde personas que parece que se han comprado “la supermáquina de rotular” y de manera compulsiva, como los dependientes de un supermercado, zas, zas, zas ponen “post it” a todo aquel con el que interactúan; hasta los más moderados que piensan mucho antes de juzgar a los demás, pero al final acaban haciéndolo. 

Resulta arduo reconocer que esta obsesión por el “orden” es bidireccional: lo que hacemos, otros lo hacen con nosotros. Y normalmente cuando nos damos cuenta de la etiqueta que nos han colgado –justificada o injustificadamente- es demasiado tarde para cambiarla.  

Pegar una pegatina sobre tu frente es curiosamente fácil; despegarla prácticamente imposible (ni con un disolvente extrafuerte conseguirás que desaparezca, y lo que es peor, todo el mundo pondrá su atención en ella como si de luces de neón se tratara y no verá el resto de tu rostro y mucho menos el resto de tu persona). 

Existe una dinámica de grupo muy utilizada en seminarios de management que pone de manifiesto precisamente esto: 

El role-playing consiste en simular una reunión de trabajo. A cada participante se le hace entrega de un guión: puesto que ocupa en la organización, postura que tiene respecto al tema a discutir, habilidades innatas que  ha de utilizar.., y una gorrita con un letrero bien grande que los demás verán cuando te relaciones con ellos y donde aparece tu calificativo -normalmente opuesto a las competencias que se supone que has de mostrar-.

El resultado… alucinante. Da igual lo que digas o cómo lo digas, el grupo te tratará únicamente teniendo en cuenta lo que leen en el “cartelito” que sostienes sobre tu cabeza.

Hay muchas formas de detectar cual es tu etiquetado. Siguiendo con el ejemplo de las reuniones, intentaré darte pistas. 

Para que la identificación sea efectiva los comportamientos descritos deben darse de manera asidua y repetitiva por quien dirige o convoca las reuniones de trabajo.

 SUPUESTO 1: Siempre se sienta frente a ti. Comienza la reunión y tras exponer varios asuntos y debatir sobre ellos te pregunta directamente para que des tu opinión.

“El que no habla”: Pase lo que pase a tu alrededor el responsable cree que nunca darás tu opinión en un foro público, prefieres hacerlo en otros contextos. No es que piense que eres Forrest Gump pero sí una persona bastante insegura y a la que puede paralizar el miedo. 

“El pasota”: Esta etiqueta es cuanto menos peligrosa. Para el responsable no te interesan esas reuniones de seguimiento ni lo que se dice en ellas. Si te mantiene en el equipo es porque 1) trabajas y trabajas bien sacando adelante tus tareas, 2) cree que tu pasotismo es fruto de una actitud evasiva (“haré lo que diga el resto”) y de una cierta  superficialidad (“esto de las reuniones es un rollo patatero, que me dejen en paz”). Trata de que el punto 1 pese más que el 2. De no ser así el tic-tac de la alarma debe activarse en tu interior.

SUPUESTO 2: Una variante del 1. Se sienta frente a ti y antes de iniciar la reunión te pregunta directamente, obligándote así a posicionarte incluso antes de que se exponga el problema a debatir. 

“El que siempre lleva la contraria”. Posiblemente respondas sin problemas, porque entre tus virtudes se encuentre la asertividad. Tal vez en alguna ocasión le dijiste abiertamente “no comparto tu postura” y de un hecho puntual ha pasado a generalizar. Es complicado estar clasificado así, sea o no cierto, ya que poco a poco dejarán de contar contigo. 

“El francotirador”. Si al hacerte esa primera pregunta no te posicionas y a lo largo de la reunión constantemente trata de que adoptes como postura la suya, confirmarás lo que opina de ti y te puedes imaginar lo que esto significa: nada bueno. Considera que eres mejor que Maquiavelo, que tienes un liderazgo informal muy fuerte, que mueves los hilos mejor que las Tejedoras de la Real Fábrica de Tapices, introduciendo el conflicto de manera soterrada y teniendo un gran control sobre los “tempos”.  

SUPUESTO 3: El Responsable intenta no tenerte delante, ni mirarte a los ojos eludiendo interpelarte. 

“El que habla mucho y todo el tiempo”. Será definitivo para esta “clasificación” si eres de las personas que cuchichea con unos y con otros durante la reunión. En su visión de ti incluye la dispersión, la falta de escucha activa y de resolución creativa.

SUPUESTO 4: Directamente no te convoca a la reunión. Días después te llama a su despacho y mantiene una entrevista contigo para tratar los asuntos analizados en el foro y que a solas puedas exponer tus ideas.

Visto así, esta situación incluso puede alagarte, pero cuidado, es una de las peores marcas de etiquetado: 

“El agresivo”: La imagen que según él proyectas es la de aquel que expresa abiertamente y de forma visceral su disconformidad con los asuntos, una persona difícil, con escaso autocontrol que puede romper el consenso del grupo. De ser así, ten claro que para el siguiente proyecto, si puede, no contará contigo.
  
Y ahora sé honesto… ¿no aplicas tú las mismas técnicas con tus colaboradores?



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